El otro día fue el cumpleaños de mi madre.
Y me diréis, pues vale, muy bien, ¿y qué?
Pues que, seguramente, ella sea la persona a la que más chapa llevo dada con respecto al tema de la cosmética natural, y de lo importante que es adoptar una dieta sana y equilibrada de verdad, quitando de en medio los azúcares refinados, las grasas hidrogenadas y todas las demás porquerías industriales, que destrozan nuestra salud día tras día, sin que nos demos cuenta siquiera (aunque ésa sea otra guerra, todo tiene mucho que ver). Igual que los químicos que meten a cascoporro en nuestros productos de belleza, que usamos a diario como si fueran la cosa más inocua del mundo, y no. Por eso, quise aprovechar su cumpleaños para hacerle un regalo que me ayudara a convencerla y concienciarla, y por supuesto demostrarle que la cosmética natural le da mil vueltas a la comercial, en todos los sentidos.










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