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jueves, 16 de octubre de 2014

La verdad sobre la pasta de dientes

Todo el mundo, quien más y quien menos, se cepilla o se limpia los dientes de algún modo. No es ya simplemente una cuestión básica de higiene, un hábito necesario como ducharse o lavarse el pelo. También es la única forma de conservarlos en su sitio hasta más allá de los 40.


La rutina es mecánica, la repetimos a diario, día tras día, algunos incluso hasta tres veces, una después de cada comida. Coger el cepillo, apretar el tubo para que salga la pasta, cepillar, escupir y enjuagar. Algunos a la secuencia le añaden un colutorio al final, otros se pasan el hilo dental, o aplican agua a presión. Cada persona es un mundo y cada uno tiene sus manías, sus trucos, sus costumbres y sus rutinas, pero hay una cosa de la que prácticamente nadie, o casi nadie, prescinde: la pasta de dientes.

lunes, 13 de octubre de 2014

Champús naturales, orgánicos y ecológicos

En esta página voy a ir recopilando todos los posts que dedico a analizar y comparar champús naturales, con el fin de facilitar su consulta. Poco a poco iré ampliando y añadiendo otros nuevos, a medida que pruebo y experimento con diferentes fórmulas y marcas en busca del champú perfecto. Además, tengo pendiente crear otra sección para los suavizantes, porque me he dado cuenta de que me estoy centrando mucho en el tema de los champús para mejorar el aspecto del pelo y el cuero cabelludo, y el suavizante es también un factor muy importante en este proceso (sobre todo por el tema de las siliconas, y su relación con los sulfatos).

Sin más, aquí tenéis el listado de todos los champús probados hasta la fecha, con enlaces a cada post.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Pasta de dientes natural de Hinojo, de Green People

Me estoy pasando a las pastas de dientes naturales. Naturales, orgánicas y ecológicas, libres de sulfatos, flúor y demás sustancias químicas agresivas. 


Era el siguiente paso lógico a seguir. No tiene sentido que me quite los sulfatos del champú, y que sin embargo siga metiéndomelos a diario en la boca, varias veces al día, a través de la pasta de dientes.

Porque la pasta de dientes tiene sulfatos, vaya si los tiene. Tanto Sodium Laureth como Sodium Lauryl Sulfate (éste último, al parecer, se utiliza mucho en los experimentos en laboratorios cuando se quiere provocar una irritación previa sobre un tejido, ya sea piel o mucosa. Perdonadme que no cite fuente, pero no recuerdo dónde lo leí).

martes, 30 de septiembre de 2014

Pelo sin sulfatos, un año después

Hace cosa más o menos de un año, o año y pico, os conté los quebraderos de cabeza que, durante años, desde que puse el primer pie en la adolescencia, me había traído el dichoso pelo graso, y cómo, tras mucho tiempo resignándome a lo que parecía inevitable, había por fin decidido tomar cartas en el asunto, atacando el problema desde la raíz (literalmente). 


No os asustéis; éste era mi pelo "limpio" hace poco más de un año, recién levantada.

Si te encuentras en una situación similar, si estás en guerra permanente con tu pelo o tu cuero cabelludo, ya sea combatiendo grasa, caspa, encrespamiento, sequedad, puntas abiertas, picores o lo que sea, lo has probado todo y ya no sabes qué hacer, te recomiendo que sigas leyendo.

martes, 12 de agosto de 2014

Champú Yananda especial cabellos grasos de Yanguas

En el envase pone que este champú es especial para pelo graso; y, tonta de mí, por eso lo compré. Ya os he hablado alguna vez de mi odisea con el pelo graso, y de cómo pruebo todos los métodos que encuentro para combatirlo. 



Bien, pues este champú es uno más del montón. Es decir, uno de esos champús que prometen maravillas para el pelo graso y luego no hacen NADA. Pero nada de nada. Champú vulgar donde los haya. Te limpia el pelo lo justo. En mi caso, no llega ni a 24 horas limpio.

Vamos, que no merece la pena, y menos habiendo tantas otras opciones, infinitamente mejores.


Ah, y de transparencia o información sobre los ingredientes, ni hablamos. Si quieres verlos, tienes que mirar en el envase, porque en su página web no están. Por supuesto, lleva todos sus sulfatos correspondientes, que son estupendísimos para equilibrar la piel del cuero cabelludo y controlar la grasa (nótese la ironía).


En realidad, y pensándolo en frío, este champú no ha hecho nada especialmente grave para estar en esta lista, ya os digo que es uno más del montón. Lo que pasa es que estoy harta de que me mientan, y de que prometan cosas que son incapaces de cumplir. ¿Y que encima te soplen 8,50 euros por la cara? Vaya TIMO, señores.

Nota mental para la próxima: no volver a comprar nada que me prometa maravillas, sin antes mirar la lista de ingredientes. La lista de ingredientes es tu amiga. La lista de ingredientes habla en un idioma raro, pero si aprendes a escucharla te susurrará bajito todas las verdades que el envase oculta y adorna con palabras bonitas, diciéndote justo lo que quieres oír. 

lunes, 21 de julio de 2014

En busca del Santo Grial de los champús (I): Avalon Organics Scalp Treatment Tea Tree

Este champú con árbol de té de Avalon Organics fue el primero con el que realmente inicié la búsqueda activa de una solución para mi problema con la grasa


Lo compré por recomendación del blog de Acapulco 70, tras leer su archiconocido post "el mito del champú" y concienciarme de la importancia de utilizar productos libres de sulfatos y demás químicos que, por ser agresivos con el cuero cabelludo, no hacían sino empeorar el problema, por mucho que las etiquetas prometieran una y otra vez ser la panacea milagrosa que lo arreglaría todo.

martes, 26 de noviembre de 2013

El drama del pelo graso

Os voy a confesar una cosa: tengo el pelo graso. Extremadamente fino, extremadamente liso, y muy, muy graso.

Es un problema con el que llevo batallando más o menos desde que tenía trece años, cuando los cambios hormonales hicieron su aparición y se cargaron el delicado equilibrio que regía en mi cuero cabelludo. Pasé de lavarme la cabeza una o dos veces por semana, a tener que lavarme el pelo día sí, día no, cuando no todos los días, para mantener la grasa a raya.

No exagero; el pelo no me dura limpio dos días seguidos. A veces, si hay suerte, llego a  las veinticuatro horas, pero el efecto de dormir suele ser fulminante. Me voy a la cama con el pelo  recién lavado, limpito y resplandeciente, y me levanto con él aplastado, mate y dividido en fascículos a la altura de la coronilla. Es lo que hay y lo tengo asumido: tras una noche entera en contacto con la almohada, mi pelo ya no vuelve a ser el mismo.