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martes, 17 de septiembre de 2013
viernes, 30 de agosto de 2013
Muchas vidas
Vivimos muchas vidas diferentes a
lo largo de una sola. No eres la misma persona que hace cinco, diez o veinte
años. Has cambiado, has evolucionado. Has vivido otras vidas. Tu vida entonces
era otra; era la tuya, sí, pero otra. Y desde luego hoy no eres la misma
persona que serás dentro de veinte años, o dentro de tres. Nuestras vidas se suceden, una tras otra. Siempre somos nosotros, en todas ellas, pero
distintos. Cada vida nos cambia, cada etapa nos transforma. Con otras personas,
otras ideas, otras formas de pensar, otros escenarios.
Día a día parece que nada cambia,
que todo se perpetúa inmutable semana a semana, mes a mes, año tras año. Pero
si te vuelves a mirar atrás, y piensas dónde estabas hace exactamente un año,
verás que todo es distinto. Algunos cambios son sutiles, otros mucho más
evidentes. Igual en este tiempo has cambiado de trabajo, o has perdido el que
tenías. Puede que te hayas licenciado, o que hayas empezado a estudiar una
carrera. Quizá alguien que conoces haya enfermado. Puede que tú mismo hayas enfermado. O que te hayas reconciliado con un familiar con el que no te hablabas. Quizá te has cambiado de casa, quizá te has casado. O divorciado.
Puede que hayas tenido un hijo, o que hayas perdido a alguien importante para
ti. Un padre. Una abuela. Un amigo. Una hermana.
Has conocido a personas nuevas,
que hace un año no sabías que existían, pero que ahora forman parte de tu vida.
Has perdido el contacto con otras. Te has enamorado, has empezado a salir con alguien, has aprendido a planchar o has
hecho obra en casa. Has visitado lugares nuevos, donde nunca habías estado
antes, y has vuelto a otros donde hacía tiempo que no ibas.
Has reído, has llorado. Has vivido, sentido y aprendido cosas nuevas. Y olvidado muchas otras, aunque no lo sepas.
Las cosas pequeñas también
cuentan. Quizá has descubierto un grupo de música nuevo, te has aficionado a la
cerveza, has hecho un curso de fotografía, te has hecho vegetariano o
has leído un libro que te ha marcado profundamente. Los cambios están en todas
partes, hasta en los detalles más insignificantes.
Y a suma de todos esos
cambios, pequeños o grandes, te transforma, y transforma tu vida en otra. Hoy
no eres quien eras hace un año. Ni eres quien serás dentro de tres.
viernes, 28 de junio de 2013
Windy Summer Morning
Gafas de sol: Decathlon
Collar: Imagine
Camiseta: ASOS
Pantalones: Pull&Bear
Bolso: Mango
Sandalias: Strover
martes, 11 de junio de 2013
Terapia de corcho
Hace algunos años tuve un pequeño
bache. Me levantaba por las mañanas sin ganas de hacer nada, cansada antes de
empezar el día, en un plan muy negativo.
Hacía poco una amiga se había ido
de Erasmus, y para que se llevara un recuerdo de todas sus amigas, le regalamos
un corcho con fotos nuestras, con la idea de que al llegar allí lo colgara en
la pared de su nueva habitación. No es una idea nueva ni tampoco muy original.
Un corcho con fotos es algo bastante corriente en cualquier dormitorio.
Pero en el mío no había ninguno.
Sí que tenía guardado, sin embargo, un corcho bastante grande —como de 1 metro
cuadrado, más o menos— que había cogido un día por la calle. Lo encontré por
casualidad volviendo a casa, apoyado contra unas cajas, junto al contenedor de
la basura. Me lo llevé porque pensé que algún día podría serme útil.
Así que un día, durante aquel tiempo
que estuve más baja de ánimo, me decidí a hacerme mi propio corcho con fotos, a
modo de terapia. Después de cenar me senté frente al ordenador y me pasé varias
horas seleccionando las fotos que más me gustaban. Imprimí muchísimas, más de
cien seguro. Todas a un tamaño muy pequeñito, eso sí. La idea era que me
cupieran muchas. Cuantas más, mejor.
Pensaba que me aburriría recortándolas, pero fue todo lo contrario. Me lo pasé pipa recordando todos esos buenos momentos que había vivido. Me reí mucho, y disfruté un montón preparando aquel corcho tamaño XXL, aunque me costó elegir qué fotos incluir y cuáles descartar, porque había impreso tantas que no me cupieron todas. Y eso que no me dejé ni un milímetro sin cubrir.
A la mañana siguiente, cuando me
desperté, aquel corcho atiborrado de fotos fue lo primero que vi. Todas
aquellas fotos, todos esos momentos congelados que me recordaban todo lo que había
vivido, todo lo que era importante, y todo lo que merecía la pena. Tantas risas,
tantas personas increíbles en mi vida, tantas cosas buenas… a lo mejor os
parezco muy simple, pero aquello me ayudó un montón.
Me encantaba despertarme y ver mi
corcho apoyado contra la mesa. Puedo pasarme horas enteras mirándolo. De vez en
cuando todavía me quedo embobada recordando batallitas.
Si aún no tenéis uno, os recomiendo que lo probéis. Es una terapia increíble.
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