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martes, 12 de enero de 2016

Exfoliante corporal de miel y azúcar de Bee Naturals

Estos días he estado probando por primera vez un exfoliante corporal que compré hace mil y que todavía no había tenido ocasión de estrenar (me había olvidado incluso de que lo tenía).



Este exfoliante de Bee Naturals lo compré en iHerb más o menos cuando empezaba a interesarme por el mundo de la cosmética natural (según mi historial de compras, lo encargué ni más ni menos que el 29 de agosto de 2014... puf), y como junto a él compré muchas cosas más, y mi tiempo para usarlo todo es limitado, acabé olvidándolo en un armario. También he visto que me costó 12,16 dólares.
El otro día por fin lo rescaté, y me llevé una doble alegría, primero por volver a encontrarlo después de haberme olvidado de su existencia, y después al comprobar que no estaba caducado, aunque me habría estado bien empleado.

Es difícil cambiar el chip y readaptarse después de tanto tiempo comprando cosas de manera casi compulsiva, ya os contaré cómo la cosmética natural me está ayudando muchísimo en ese sentido, enseñándome a comprar sólo lo que necesito y cuando lo necesito, en lugar de acaparar y acumular cosas sin sentido, como hacía antes.


Lo primero que llama la atención de este exfoliante es que la parte sólida y la parte líquida de los ingredientes viene desligada, por lo que hay que tener mucho cuidado al abrirlo, sobre todo las primeras veces, que es cuando el envase está más lleno. Trae un palito de madera pegado a la base que sirve para remover y mezclar todos los ingredientes (recomiendo hacerlo apoyando el envase sobre una superficie estable, y no sujetándolo con una mano y removiendo con la otra, porque, si se te escurre, la cosa puede acabar en drama), aunque el resultado no es muy allá. Por mucho que des vueltas, los ingredientes siguen separándose.


A pesar de eso, que puede que más de uno lo considere un fallo de formulación, los ingredientes son una maravilla, así que no se lo tengo en cuenta. Si es que sólo la pegatina de la tapa es amor a primera vista, hacía tiempo que no veía un INCI tan limpio, tan claro y tan sencillo: azúcar blanco, miel, glicerina, aceite de jojoba, aceite de girasol, extracto de romero y aceites esenciales. Y punto. Ni conservantes, ni colorantes, ni emulgentes, ni espesantes ni nada que no sea necesario y esencial. Todo lo prescindible, fuera. Me encanta. Sólo por eso vale la pena que el producto no se ligue bien, y haya que remover con el palito y tener cuidado para que no se salga.


La textura es muy parecida a la del exfoliante de chocolate de Giovanni, del que ya hablé en una ocasión. El grano es azúcar puro, nada de esas bolitas de silicona, que contaminan el lecho de los ríos y el fondo del mar, sólo azúcar, que rasca la piel mientras se va disolviendo poco a poco, hasta desaparecer por completo. Y huele estupendamente. Es una mezcla entre dulce y afrutada difícil de explicar, pero que hace que entren ganas de comérselo (aunque entendería que alguien me dijera que le resulta empalagoso, porque es un olor bastante intenso).

Una de las cosas que más ne gusta es lo hidratada que deja la piel. No hace falta usar crema después, porque después de aclararlo queda una fina película sobre la piel, algo resbaladiza, como si acabaras de ponerte aceite. Si lo dejas estar se termina absorbiendo en unos minutos, dejando las piernas (que es donde yo lo uso) muy suaves y para nada tirantes o resecas. El olor también desaparece al cabo de un rato. Eso sí, no recomiendo usarlo para preparar la piel antes de la depilación, porque por mucho que lo aclares con agua, nunca termina de irse del todo (de hecho la repele, formando gotitas sobre la piel, que se queda como impermeabilizada), y al pasar la cuchilla se queda todo el residuo entre las hojas, atascándola. Para que no entendamos, es como intentar depilarte justo después de ponerte crema. Mejor no.

En definitiva, ha sido un gran descubrimiento, a ver si puedo ir probando más cosas de la marca, que me ha gustado mucho. Aunque prefiero el olor a chocolate de la de Giovanni, no todos los días se ve un INCI tan maravilloso como éste, si es que hasta parece hecho en casa.

lunes, 23 de febrero de 2015

Pasta de dientes de árbol de té, de Urtekram

Descubrí esta pasta de dientes dando una vuelta por el herbolario Navarro. Ésta, y otra de Logona, de la que ya os hablaré otro día. Estuve un rato dudando entre una y otra y al final, como no me decidía, me llevé las dos a casa. 



Tengo que decir que, aunque aprecio sus virtudes y lo uso con frecuencia, especialmente en temas de champú (porque va muy bien para el cuero cabelludo y los problemas con la grasa), el olor del aceite de árbol de té es algo que no me gusta nada. Lo tolero, y estoy acostumbrada a él, pero no me gusta.

martes, 10 de febrero de 2015

Crema hidratante de día, de Green People

Ayer se me terminó esta crema hidratante de día, de Green People. Llevaba usándola un tiempo, desde principios de septiembre o así, alternándola de vez en cuando con otra de Organics de la que ya os hablaré otro día. 



Es curioso porque el primer día que la usé no me gustó nada, y ahora que se me ha terminado me encuentro con que la echo —y mucho— de menos.


lunes, 11 de agosto de 2014

Ecologic Cosmetics, desmaquillante con vitamina E

Este pequeño botecito en tamaño muestra fue mi primer contacto con los desmaquillantes bio.



Me hizo mucha ilusión recibirlo, porque cada vez estoy más concienciada acerca de la importancia de saber qué es lo que le pongo a mi piel y a mi pelo. Y los ingredientes de éste desmaquillante, de textura similar a la de un agua micelar, no podían pintar mejor.


En un principio, y tras haberlo usado una única vez, me llevé un buen chasco. Incluso pensé en tirarlo a la basura antes de terminarlo (ahora os cuento por qué), algo que no hago nunca.

Aun así, decidí darle una segunda oportunidad.

A ver, tengo que decir que el desmaquillante es bueno. Las cosas como son. Lo he estado usando por las noches, para desmaquillarme (algo muy ligero, sólo labios, mejillas y ojos; porque no suelo ponerme bases ni polvos) antes de irme a dormir), y, además de retirarlo todo sin problemas, la piel se queda tan fresquita y natural que no es necesario hacerle nada más, cosa que me gusta, porque prefiero no usar cremas hidratantes antes de acostarme, y así dejar que la piel se regenere por sí sola durante la noche.

El problema, y el motivo por el que, muy a mi pesar estuve a punto de meterlo en la lista de decepciones, a pesar de irme tan bien, es el olor. Tiene un olor especialmente asqueroso difícil. No sé cómo explicarlo... es empalagoso, dulzón, como a jarabe rancio o a pastilla para la tos, y se queda en la cara durante horas, por lo que sigues oliéndolo muuuucho tiempo después de que se haya secado. 

Huele fatal, en serio. Pero aparte de eso no puedo ponerle ningún otro pero: ingredientes de lujo, textura fresquita nada grasienta y función simultánea de desmaquillante y tónico. Además, a pesar de que el envase a tamaño original es más bien carito (32€ por 200ml.), puedo deciros que cunde un montón: llevo meses de aquí para allá dando tumbos con la muestra, y todavía no se me ha terminado, a pesar de que las últimas semanas la he usado prácticamente a diario.

Así que ya veis, con lo mal que me caía al principio, me ha conquistado por méritos propios.