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viernes, 9 de enero de 2015

Champú de cebolla de Nuggela & Sulé, o cómo las marcas apelan a la fe ciega del consumidor

Hoy en día, el hecho de elegir y comprar un champú es poco menos que un acto de fe. No sólo pasa con el champú, sino prácticamente con cualquier producto que se comercialice, publicite y venda en esta sociedad consumista.



El otro día, saltando de blog en blog, me topé con un post (no recuerdo dónde) en el que su autora expresaba un gran deseo de probar el nuevo champú de cebolla de Nuggela&Sulé. ¿Por qué tenía tantas ganas de probarlo? Ni ella misma lo sabía. Sólo dejaba caer que había leído muy buenas críticas y que al parecer era maravilloso.

jueves, 16 de octubre de 2014

La verdad sobre la pasta de dientes

Todo el mundo, quien más y quien menos, se cepilla o se limpia los dientes de algún modo. No es ya simplemente una cuestión básica de higiene, un hábito necesario como ducharse o lavarse el pelo. También es la única forma de conservarlos en su sitio hasta más allá de los 40.


La rutina es mecánica, la repetimos a diario, día tras día, algunos incluso hasta tres veces, una después de cada comida. Coger el cepillo, apretar el tubo para que salga la pasta, cepillar, escupir y enjuagar. Algunos a la secuencia le añaden un colutorio al final, otros se pasan el hilo dental, o aplican agua a presión. Cada persona es un mundo y cada uno tiene sus manías, sus trucos, sus costumbres y sus rutinas, pero hay una cosa de la que prácticamente nadie, o casi nadie, prescinde: la pasta de dientes.

martes, 19 de agosto de 2014

La crema de día CIEN Q10 Antiarrugas de Lidl, o por qué ya no me fío de la OCU

Seguramente ya lo sabréis, o algo habréis oído al respecto, porque la noticia es de junio: una crema de Lidl, concretamente la crema de día CIEN Q10 Antiarrugas, es la mejor antiarrugas del mercado español según un informe de la OCU que ya va camino de superar en popularidad al archifamoso estudio de la leche.


De acuerdo con este informe, que se basa en el análisis y el testeo de catorce marcas comerciales, tanto de supermercado como de alta cosmética, la crema Q10 de Lidl es la mejor crema de todas las analizadas, y la única que realmente cumple lo que promete.

Por alguna razón, el hecho de que esta crema fuese calificada como la mejor de todas las testadas la convirtió, a ojos del consumidor medio, en la mejor crema del mundo mundial, a pesar de lo escaso de la muestra (repito, sólo se analizaron catorce marcas).

martes, 12 de agosto de 2014

Crema de día de Blanc Cachemire

Recibí una pequeña muestra de esta crema de día en una cajita BirchBox y, de buenas a primeras, lo primero que me disgustó fue el olor. Soy muy maniática con los olores y el de esta crema no me entusiasmó, aunque lo consideré pasable. Al fin y al cabo los hay peores.



El problema vino después, cuando al extenderla sobre la cara me di cuenta de que me dejaba las mejillas y las sienes llenas de pelotillas. Odio las cremas que hacen pelotillas. Pero aún las odio más si encima me meto a ver su precio y descubro que cuesta nada menos que la friolera de 64 euros. ¡64 euros! Por una crema que huele mal y encima hace pelotillas. Já.


La estrené y la terminé durante un viaje, me desesperé con las pelotillas, algún que otro brillo en la frente, ni fú ni fa, y con eso pusimos fin a nuestra breve relación.

¿Puedo decir algo bueno de ella? Sí, que sus ingredientes están bastante bien. Pero no vale lo que cuesta ni de lejos. Hay cremas que le dan mil vueltas a ésta, y cuestan la mitad.

Decepción total.

Brillo de labios Shine Ultra, de ModelCo

Este brillo de labios fue una gran decepción. El que yo recibí en mi BirchBox fue el tono Berry Pink, un rosa clarito muy natural que cuesta 16,95€ en la tienda online. 



No es que sea un mal gloss. Tampoco es que sea yo mucho de glosses, porque en general me parece que resecan demasiado los labios, cuando no los dejan pegajosos y te pasas el día con el pelo pegado a la boca, que es algo que no soporto.


Éste, en concreto, como brillo de labios cumple su función. Pero sin más. No tiene absolutamente nada de especial, así que no hay nada, nada de nada, que justifique ese precio. Algunas marcas se suben a la parra sin motivo alguno, y me molesta. ME MOLESTA MUCHO.


Por eso, y por la decepción que me llevé hace poco con los pintalabios Party Proof, de la misma marca, he metido este gloss en la lista negra. Anda que no habrá mejores alternativas, y más por ese precio. Aquí os dejo un post de Nina Benito con algunas opciones mil veces más interesantes.

Healthy Eyeliner de DermEyes

Antes de nada, tengo que aclarar que mi problema con esta marca vino a raíz de un lápiz de ojos que venía en una de las ya desaparecidas GlossyBox. 


En BirchBox, de DermEyes sólo he probado la sombra de ojos en tonos verde y beige, que no está mal pero es carísima y tampoco me parece tan especial como para justificar el precio. Pero como el dichoso lápiz de ojos también está a la venta en la web de BirchBox, he decidido incluirlo en la lista de decepciones, donde se ha ganado un hueco por méritos propios.

El lápiz de ojos negro de DermEyes llegó a mi vida prometiendo maravillas. Que si era totalmente hipoalergénico, anti-irritante, hidratante, buenísimo para la piel, una maravilla, sin parabenos, sin aceites minerales ni demás porquerías... bla, bla , bla. 


Prometía cosas que no me había prometido nunca ningún otro lápiz de ojos, como que evitaba la aparición de rojeces y no irritaba la piel. Ningún lápiz de ojos me había prometido antes eso. Pero es que ningún lápiz de ojos me había producido rojeces o irritado la piel hasta ahora, salvo en una ocasión, con un lápiz bueno de marca (ya no recuerdo cuál) que le cogí a mi madre y que no volví a usar más.

Considero que tengo una piel bastante todoterreno. Durante años he usado lápices ojos de todas las marcas y tipos habidos y por haber. Desde NARS hasta Carlo di Roma, la mítica marca del chino que todas usábamos en Bachillerato, cuando empezábamos a maquillarnos, pasando por todo lo que hay en medio.

Y nunca tuve ningún problema, excepto esa vez que os he comentado.

Bueno, pues este lápiz le hizo a mis ojos exactamente TODO lo que había prometido no hacerles. Lo usé dos veces, antes de darlo por perdido, y las dos veces me dio una alergia brutal.


Me irritó los ojos, me hizo llorar, me picó y me escoció. Lo peor de todo fue que durante varias horas los ojos no me dejaron de lagrimear, tratando de expulsar lo que fuera que mi ojo no aceptaba. Me lloraban tanto que casi no podía mantenerlos abiertos, y la zona del rabillo del ojo, por donde desbordaba el lagrimeo arrastrando los restos de pigmento, se me irritó y se me puso toda roja con lo que fuera que llevara ese lápiz asqueroso en su composición. Me estuvo picando y escociendo todo el día, incluso después de haberme lavado y desmaquillado bien en cuanto tuve ocasión de hacerlo.

Mirad lo que dicen de él en BirchBox: «el lápiz Healthy Eyeliner de Dermeyes es hipoalergénico y anti-irritante, ideal para hidratar nuestros ojos mientras los embellece». 

JÁ. 

¿Lo habrán probado antes de soltar esa perlita? Si es que hasta el nombre es irónico. Healthy, dice. Hay que fastidiarse.

Por cierto, ¿sabéis cuánto cuesta esta joyita? 18 euros.

Ahí dejo eso.

Crema Facial Aloe Vera Regenerante de Bluemandarines

Esta crema formaba parte de un experimento para encontrar una buena crema hidratante de cara. El error fue (una vez más) comprarla a lo loco, sin mirar primero los ingredientes. 


Me bastó con abrir el bote, olerla y usarla una sola vez para sospechar el error. Los parabenos se huelen y se sienten de lejos. Es fácil identificarlos si sabes dónde buscar. Se nota en el olor, y en la textura de la crema, así como gelificada, húmeda y brillante, casi plasticosa y con un olor muy característico.


Además, si os fijáis, veréis que los lleva todos (entre muchas otras porquerías): Metylparaben, Buthylparaben, Ethylparaben y Propylparaben. El lote completo, incluso los parabenos de cadena larga (buthyl y propyl), cuyo uso está actualmente prohibido en algunos países, como Dinamarca.

Pero claro, si queréis saber los ingredientes no os queda más remedio que verlos en el envase, porque no hay forma humana de encontrarlos ni en su página web, ni en todo el ancho Internet.


Fue una gran decepción, porque no sé muy bien por qué, pensaba que Bluemandarines era una marca que se preocupaba por estos temas. Quizá porque se trata de una firma dermocosmética, de venta en farmacias y parafarmacias e incluso en tiendas de cosmética natural, lo que en principio puede dar a entender que les preocupa lo que le añaden a las cremas que producen. O quizá fui (una vez más) víctima del marketing, y me dejé engañar por el envase, con sus letras verdes, y su minimalista  hojita de aloe vera. 

En cualquier caso, lo que está claro es que les trae al fresco meter ingredientes cuestionables en la formulación de sus productos. (Ojo, que esto también da qué pensar acerca de las tiendas que los comercializan).


Si está demostrado que los parabenos no son buenos, y existen montones de alternativas mucho más saludables para preservar los ingredientes ¿por qué siguen poniéndolos en las cremas y en absolutamente todos los productos de cosmética más o menos comerciales? No lo entiendo ¿Será que abaratan costes?

Mal, muy mal. 

Egyptian Magic, all purpose Skin Cream

No digo que la cremita no hidrate. He probado la muestra que me vino en la BirchBox de mayo y sí, lo hace, no digo que no. Pero tampoco lo hace mejor que cualquier otra crema. De hecho, las hay infinitamente mejores, porque ésta, al fin y al cabo, es bastante grasienta y no se absorbe todo lo bien que debería.



También es verdad que no huele a nada, cosa que se agradece, porque estoy harta de cremas que supuestamente no llevan perfume y luego resulta que huelen a rayos. Pero sin más. No le veo el misterio, ni la "magia", ni entiendo todo el revuelo que han creado a su alrededor. En general, desconfío de estos productos mitificados que dicen curarlo todo, y valer para todo.


Es verdad que lleva sólo ingedientes naturales, miel, cera de abeja y demás, pero hay muchas cremas que también son totalmente naturales y no se dan tanto bombo. Sospecho que es todo marketing y poco más. 


Si la he puesto en esta lista de NOs es sobre todo por el precio. ¿40 euros el envase de 118ml.? ¿25 el de 59ml.? ¿Por un botecito de crema vulgar? ¿Estamos tontos o qué? En serio, no los vale. Es mejor ahorrarlos o invertirlos en algo que sí merezca la pena, porque esta crema no es para tanto. Está sobrevaloradísima, más aún que el Protect&Detangle. Y ya es decir. 

Champú Yananda especial cabellos grasos de Yanguas

En el envase pone que este champú es especial para pelo graso; y, tonta de mí, por eso lo compré. Ya os he hablado alguna vez de mi odisea con el pelo graso, y de cómo pruebo todos los métodos que encuentro para combatirlo. 



Bien, pues este champú es uno más del montón. Es decir, uno de esos champús que prometen maravillas para el pelo graso y luego no hacen NADA. Pero nada de nada. Champú vulgar donde los haya. Te limpia el pelo lo justo. En mi caso, no llega ni a 24 horas limpio.

Vamos, que no merece la pena, y menos habiendo tantas otras opciones, infinitamente mejores.


Ah, y de transparencia o información sobre los ingredientes, ni hablamos. Si quieres verlos, tienes que mirar en el envase, porque en su página web no están. Por supuesto, lleva todos sus sulfatos correspondientes, que son estupendísimos para equilibrar la piel del cuero cabelludo y controlar la grasa (nótese la ironía).


En realidad, y pensándolo en frío, este champú no ha hecho nada especialmente grave para estar en esta lista, ya os digo que es uno más del montón. Lo que pasa es que estoy harta de que me mientan, y de que prometan cosas que son incapaces de cumplir. ¿Y que encima te soplen 8,50 euros por la cara? Vaya TIMO, señores.

Nota mental para la próxima: no volver a comprar nada que me prometa maravillas, sin antes mirar la lista de ingredientes. La lista de ingredientes es tu amiga. La lista de ingredientes habla en un idioma raro, pero si aprendes a escucharla te susurrará bajito todas las verdades que el envase oculta y adorna con palabras bonitas, diciéndote justo lo que quieres oír. 

jueves, 24 de julio de 2014

El timo del sistema en 3 pasos de Clinique

El otro día estuve en el pueblo, y rescaté un par de botes olvidados del archifamoso sistema en 3 pasos de Clinique, vestigios de mi lejana adolescencia. Uno de ellos era el jabón limpiador (del que también tuve la versión en pastilla sólida amarilla, que todavía anda por ahí, y creo que a veces la usa mi hermano) y el otro el tónico número 2, especial para mi piel de tipo mixto. La crema hidratante (la amarilla) me imagino que la tiré hace tiempo, porque no he conseguido dar con ella. 


Como podéis ver en mis cutre-fotos, ambos botes están prácticamente por la mitad. Bueno, el tónico está un poco más gastado, le queda como un tercio. Aun así, sobra mucha cantidad, y ya os digo que ambos tienen años y años (¡y años!). Y lo mismo para la pastilla de jabón. Después de mucho, muchísimo tiempo, ahí sigue, muerta de risa, a medio gastar.


Si no llegué a terminarlos en su día fue porque nunca me acabaron de convencer. Pero tampoco me había decidido a tirarlos, en parte porque soy una persona a la que le cuesta mucho desprenderse de las cosas, pero también porque, como sabéis, Clinique no es una marca precisamente barata. Así que, aunque no los usaba, tampoco me deshacía de ellos. Quedaron ahí en el baño, medio olvidados, como una reliquia. Si acaso los utilizaba muy de vez en cuando, y a disgusto, cuando me olvidaba el neceser en casa.

Y es que, a pesar de su precio y de su supuesta calidad, avalada por dermatólogos y todo, nunca terminé de sentirme cómoda con este sistema. Le encontraba montones de pegas por todas partes, y si lo seguía usando era sólo porque era lo que había que hacer. Porque mi madre me había inculcado que la piel había que cuidarla desde joven, y se cuidaba así, siguiendo día tras día ese sistema en tres pasos tan engorroso. Y por si fuera poco, no una sola vez al día, sino dos: por la mañana al levantarme y por la noche antes de irme a dormir. Era la única forma de cuidar la piel, y mantenerla joven y bonita durante muchos años.


Una amiga mía, a la que yo admiraba mucho, seguía a rajatabla este sistema, y lo hacía sin descanso, dos veces al día, todos los días. Pero yo era incapaz. Como mucho conseguía seguir los tres pasos una vez al día, y en días salteados, cuando me acordaba, o cuando no me podía la pereza. Admiraba la constancia de mi amiga. Ella decía que todo era hacerse a la rutina. Que, una vez te acostumbrabas, no sólo te salía solo, sino que además te sentías mal si no lo cumplías. Algo así como ducharse, o lavarse los dientes.

Ahora, muchos años después, entiendo que mi problema no era la pereza. Por suerte hace ya tiempo que descubrí que cuidarse la piel puede y debe ser un placer, algo que se hace no sólo por obligación, por temor a un futuro lleno de arrugas, manchas y patas de gallo, sino porque realmente se disfruta, porque te hace sentir bien contigo misma.

No, el problema no era la pereza, el problema era Clinique y su dichoso sistema en tres pasos, que no sé cómo hicieron para colárnoslo a todos tan bien, a pesar de entrar por los pelos y con calzador, al menos en mi caso.


Todas estas cosas las estuve pensando el otro día, al encontrarme aquellos botes, y con una pizquita de nostalgia decidí usarlos una vez más, ahí a lo loco, sin importar si estaban o no caducados, sólo para comprobar si realmente era para tanto y si estaba justificada la manía que les había acabado cogiendo.

Os diré que no estaban caducados. ¿Cómo iban a estarlo, si son pura química, alcohol, petróleo y conservantes? Eso no caduca nunca. Olían igual (de mal) que siempre, y su resultado fue exactamente el esperado. El único cambio fue que, como no tenía la crema hidratante, me salté el tercer paso, usando una de otra marca con protección solar (cosa que agradecí, porque me habría dado toda la pereza volver a untarme esa especie de mantequilla en la piel).

Por si no os apetece seguir leyendo, os hago spoiler del final: ambos botes se fueron por el desagüe del lavabo.

Pero vayamos por partes, analicemos cada cosa por separado.


El jabón (limpiador)


Como sabéis, el primer paso del ritual en tres pasos es el jabón. Hay que limpiar la piel, retirar todos los restos de maquillaje y otras cremas para dejarla reluciente y preparada para admitir todo lo que viene después. Como mi piel es normal tirando a mixta, es decir, algo más grasa por la zona de la nariz y los párpados, seca en la zona de la frente y normal en las mejillas, mi jabón era el mild.


Aquí podéis ver todas las porquerías que lleva (os he marcado en rojo todos los ingredientes chungos —que, como veréis, son la mayoría y he añadido abajo una mini explicación del por qué lo son). Por cierto, no intentéis buscarlos en la web de Clinique, porque no están por ningún sitio:

WaterSodium Laureth SulfateSodium ChlorideCocamidopropyl Hydroxysultaine, Lauramidopropyl Betaine, Sodium Cocoyl SarcosinateTea-Cocoyl Glutamate, Di-PPG-2 Myreth-10 Adipate (DMA)Aloe BarbadensisPEG-120 Methyl Glucose Dioleate, SucroseSodium Hyaluronate, Cetyl Triethylmonium Dimethicone PEG-8 Succinate, Tocopheryl Ethyl Succinate Ethyldimonium Ethosulfate, Butylene Glycol, Chamomilla Recutita, Hexylene GlycolPolyquaternium-7, Laureth-2Caprylyl GlycolSodium Sulfate, EDTADisodium EDTASodium Benzoate, Phenoxyethanol

  • Sodium Laureth Sulfate: El el tensioactivo más común utilizado en cosmética. Básicamente, un detergente industrial, que limpia la piel y se lleva por delante todos los aceites que ésta produce de forma natural, a modo de barrera protectora, dejándola completamente seca y expuesta. Hace años que se sabe que los sulfatos son irritantes y demasiado agresivos para la piel, pero aun así siguen usándolos en la mayoría de los productos (porque son muy baratos), y la gente los sigue comprando. Es el ingrediente principal de este jabón, que viene en un envase de 200 ml. y cuesta 24,50€.
  • Cocamidopropyl Hydroxysultaine: es un detergente sintético que limpia la piel, pero también la reseca muchísimo, pudiendo llegar a irritarla. No es nocivo ni dañino, pero tampoco aporta nada positivo y la piel seguramente está mucho mejor sin él. 
  • Di-PPG-2 Myreth-10 Adipate (DMA): ¿Sabéis qué es esto? Porque yo no tenía ni idea y al buscarlo he descubierto algo bastante alarmante... sirve para aumentar la tolerancia de las terminaciones nerviosas de la piel, y volverlas menos sensibles a estímulos de baja intensidad. Es decir, un anestésico. ¿Sabéis para qué se utiliza? Se añade a ciertas cremas de uso sexual para adormecer la piel y prevenir o retrasar la eyaculación precoz en los hombres, al hacerles menos sensibles a las caricias. Si no me creéis, podéis leerlo aquí. Además, ayuda a reducir y calmar la irritación causada por los otros ingredientes, enmascarando así sus efectos perjudiciales sobre la piel.
  • PEG-120 Methyl Glucose Dioleate: Nada que empiece por PEG- es bueno para nuestro organismo, ya que este tipo de compuestos se obtienen a través de un proceso químico que genera un residuo llamado óxido de etileno, una sustancia tóxica (cancerígena) que, si bien es eliminada y depurada durante el mismo proceso, puede dejar trazas o restos en el producto resultante.
  • Cetyl Triethylmonium Dimethicone PEG-8 Succinate: Tras este nombrecito se esconde una silicona, un derivado del petróleo. Normalmente se usan en suavizantes para el pelo. Las siliconas de por sí no son malas, pero recubren la piel con una capa fina que no es otra cosa que plástico, tapando los poros e impidiendo que respire con normalidad. Además, al llevar el prefijo PEG-, nos indica que se trata de una sustancia etoxilada, por lo que también puede contener trazas de óxido de etileno.
  • Butylene Glycol: Otro petroquímico, un derivado del petróleo presente en montones de cosméticos que aparentemente suaviza, pero que en realidad reseca la piel.
  • Hexylene Glycol: Lo mismo que el de arriba. De los Glycoles, éste es el más agresivo e irritante de todos, especialmente si entra en contacto con los ojos. Sirve únicamente para mejorar la textura del producto, haciéndolo menos espeso y viscoso, además de preservarlo, para que no se enrancie. No aporta nada positivo a la piel.
  • Polyquaternium-7: Un compuesto de amonio cuaternario. Se utiliza como conservante y como surfactante, además de bactericida, pero es cáustico e irritante para los ojos. Además puede producir dermatitis de contacto, e incluso síntomas asmáticos si es inhalado, algo más que probable si éste entra en contacto con el agua caliente.
  • Laureth-2: Al igual que ocurre con los PEG-, nada que termine en -eth es bueno para el organismo. Sirve para emulsionar la fórmula y poco más. Además, puede contener trazas de óxido de etileno y 1,4-Dioxano, ya que para obtener el compuesto, éste es sometido a un proceso de etoxilación.
  • EDTA y Disodium EDTA: no está demostrado que tengan efectos nocivos sobre el organismo, y menos en una concentración tan pequeña, pero sí que se ha comprobado que estos compuestos no se descomponen bien, o tardan mucho en hacerlo, por lo que son muy contaminantes y nocivos para el medio ambiente. Además, el hecho de que un producto incorpore este tipo de componentes es indicativo de baja calidad, ya que su función principal es eliminar las impurezas de otros componentes de la fórmula. Un producto de calidad, con una buena formulación, no necesita EDTAs para nada.
  • Phenoxyethanol: el último ingrediente del listado, y el que tiene por lo tanto una menor concentración en el producto, es también uno de los peores de todos. Además de ser un disruptor endocrino, es decir, que una vez es absorbido por el organismo se dedica a molestar a las hormonas (y ya sabéis que a las hormonas es mejor dejarlas tranquilas), es irritante para la piel y en grandes dosis puede dañar la sangre y el hígado, además de afectar al sistema nervioso.

Como os he contado más arriba, probé los dos tipos de jabón, el líquido, y la pastilla amarilla. Dentro de lo malo, podría decir que la pastilla era lo menos malo. Hacía algo de espumilla al restregarla contra la piel húmeda de la cara y aunque tenía ese olor asqueroso, como a rancio, que tienen los productos de belleza que supuestamente no huelen a nada, no era tan fuerte como el del jabón líquido, que era un suplicio cada vez que tocaba los labios y me llegaba el sabor a la lengua (si os fijáis en su formulación veréis que es pura sal). 



El jabón líquido no hace espuma, ni un poquito. Tiene una textura gelatinosa bastante desagradable, aunque eso es ya manía personal. Al restregarlo por la cara y aclararlo con agua llega un punto en el que literalmente puedes oír cómo rechina la piel (por obra y gracia de los sulfatos).

Aquí tenéis los ingredientes de la pastilla de jabón, que son bastante más sencillos que los del gel:

Sodium Palmate/Cocoate Palm KernelateWaterPetrolatumGlycerinSodium ChlorideTrisodium HedtaTitanium DioxideIron Oxides, Yellow 5.


  • Sodium Palmate/Cocoate Palm Kernelate: Aceite de palma. No es malo ni nocivo para la salud, pero la forma en que se obtiene es criminal para la naturaleza, sobre todo si no está certificado que procede de la agricultura ecológica (y pensar algo así con una marca como Clinique es de risa). Podéis leer más sobre el tema aquí.
  • Petrolatum: Petróleo puro y duro. Reseca la piel, tapona los poros y no nos aporta nada.
  • Trisodium Hedta: Un súper contaminante. De lo peorcito para el medioambiente. E indicativo de la baja calidad del resto de los componentes, como hemos visto antes.

En un principio, cuando después de aclararte por fin te secas la cara dando unos toquecitos con la toalla y notas la piel fresquita, todo parece ir bien. Pero eso es sólo porque aún tienes la cara mojada. En cuanto se seca empiezas a notar la tirantez, especialmente después de usar el jabón líquido (normal, si tenemos en cuenta que la mayor parte de sus ingredientes resecan la piel). Una tirantez horrible, de esas que cuando sonríes tienes la sensación de que se te están rompiendo todas las células de la cara. Es tan incómodo y tan desagradable que enseguida comprendes que hay hacer algo al respecto. No te puedes quedar así, ni siquiera para irte a dormir.

La solución es continuar el proceso.


El tónico (exfoliante)


Lo primero que llama la atención del tónico clarificante de Clinique es su composición; es puro alcohol: 

Alcohol Denat.Water, Witch hazel, GlycerinMenthol, Sodium Borate, Violet 2, Red 33, Red 6.

Aunque tampoco hace falta mirar sus ingredientes para averiguarlo, basta con aplicarlo con un algodón o disco desmaquillante sobre la cara para darse cuenta. El efecto sobre la piel es exactamente el mismo que si ese algodón estuviera empapado en alcohol de 96º. ¿Lo habéis probado alguna vez? Porque yo sí.


Cuando te limpias la cara con alcohol, el algodón sale sucio, porque se lleva por delante todo lo que hay sobre la piel: células muertas, suciedad, pequeñas impurezas... todo. El problema es que también arrastra consigo la grasa y todos los aceites que la piel genera de forma natural para defenderse de las agresiones externas, dejándola expuesta y desprotegida. Con este tónico pasa exactamente lo mismo, con la diferencia de que un bote de alcohol te cuesta menos de 1€, y el tónico de Clinique de 200 ml., 23,50€.

El efecto astringente, como de frío y ardor es intenso hasta que se seca del todo (no me quiero ni imaginar cómo debe ser si encima tienes alguna heridita o irritación) y lo único que queda cuando se absorbe es una sensación de tirantez aún más intensa, si cabe, que la que dejaba el jabón. Es como si hubieran extraído hasta la última partícula de agua de tu piel. Seca como la mojama.

Usando el tónico número 2, que se supone que es específico para mi tipo de piel (que no lo digo yo, me lo recomendó en su día un supuesto vendedor experto), hasta me salían pellejitos en la frente que, como os digo, es el punto más seco de mi cara. Descamaciones que no estaban ahí antes de empezar el proceso de limpieza.

Para solucionar el problema de los pellejitos y la tirantez, hace falta hidratación. Y en este punto entra en juego el último paso del sistema...


La crema (hidratante)


Después de efecto devastador del tónico, corres a por la crema, esperando que te calme, que sea la panacea, la maravilla que resuelva todos los problemas y te deje la piel lisa y suave como la de un bebé.


La crema en cuestión tiene un nombrecito de lo más rimbombante: Dramatically Different Moisturizing Lotion. Una crema específica, una vez más, para mi piel mixta (já).

Seguramente, y a pesar de todo lo que os he comentado sobre el jabón y el tónico, éste era el paso que más odiaba de los tres. Aquella crema amarillenta era como una pesadilla. Tenía el mismo olor desagradable del jabón líquido, un olor que no se me olvidará nunca (será que con el tema de los olores soy muy maniática, pero esa crema olía a rayos). La textura era fluida, más bien líquida, y resbalaba por mis dedos y mi cara como mantequilla fundida cada vez que me la ponía. 

Y exactamente como mantequilla fundida se sentía sobre la piel. Densa, grasienta. Nunca se acababa de absorber (¿sabéis por qué? Porque el aceite mineral no deja que la humedad salga, pero tampoco la deja entrar) y tras las primeras pruebas tuve que pasar a usarla únicamente por las noches, y en una cantidad mínima, porque me dejaba la cara aceitosa y brillante como una bombilla. Mi frente, mi nariz, mis párpados y mis mejillas parecían reflectantes y la sensación de ir chorreando grasa era la misma que la de haber llevado un flequillo sucio sobre la frente durante un día entero, ¿sabéis a qué me refiero?

Un asco. Aun así me costó abandonar aquel sistema, que usaba de forma esporádica y ocasional, porque no se me ocurría pensar que las cosas no tenían por qué ser así. Simplemente lo asumía como algo normal. Para estar guapa hay que sufrir, blablabla, y todo eso.

Ved sus ingredientes:

Water, Mineral Oil, Sesame (Sesamum Indicum) Oil, Propylene Glycol, Tea-Stearate, Glycerol Stearate, Lanolin Alcohol, Petrolatum, Methylparaben, Propylparaben, Yellow 5 (Ci 19140), Yellow 6 (Ci 15985), Red 33 (Ci 17200)

  • Mineral Oil: ya sabéis, un aceite derivado del petróleo. Éste es el principal ingrediente de una crema hidratante que cuesta 55,50€, los 125 ml. Básicamente petróleo mezclado con aceite de sésamo (que, como veis, es el segundo ingrediente).
  • Tea-Stearate: Este compuesto, utilizado como emulsionante, está clasificado como potencialmente carcinógeno por la FDA estadounidense (no por sí mismo, sino por reacción con otras sustancias). Su uso en cosmética se considera seguro únicamente cuando se incluya en productos destinados a ser retirados y aclarados con agua inmediatamente después de su aplicación. De lo contrario, el concentrado de Tea-Stearate no podrá superar el 15% de la composición de la fórmula. En este caso, ocupa el cuarto lugar, por lo que su concentración debe ser bastante alta.
  • Petrolatum: más petróleo, por si no había bastante.
  • Parabenos: Conservantes de los chungos. De dos tipos, Metyl y Propyl. Disruptores endocrinos (alteran el funcionamiento normal de las hormonas), algunos de los cuales, como el Propylparabeno, includo en esta crema, ya han sido prohibidos en algunos países de la Unión Europea. Ah, ¿sabéis que se ha encontrado una altísima concentración de parabenos en tumores de cáncer de mama? Para saber más sobre este tema, os recomiendo encarecidamente el blog de la periodista Nina Benito, que ha llevado a cabo (y sigue en ello) una labor de investigación interesantísima sobre el tema.

Probablemente sepáis que esta crema la descontinuaron hace poco (¿tendrá algo que ver con que uno de sus componentes ha sido cuestionado e incluso prohibido en países como Dinamarca?), sustituyéndola por una versión supuestamente mejorada: la Dramatically Different Moisturizing Lotion+, reformulada para ser lo más de lo más. Aquí están sus ingredientes:

Water, Mineral Oil, Glycerin, Petrolatum, Stearic Acid, Glyceryl Stearate, Sesamum Indicum (Sesame) Oil, Urea, Lanolin Alcohol, Triethanolamine, Hordeum Vulgare (Barley) Extract, Cucumis Sativus (Cucumber) Fruit Extract, Helianthus Annuus (Sunflower) Seedcake, Propylene Glycol Dicaprate, Sodium Hyaluronate, Butylene Glycol, Pentylene Glycol, Trisodium EDTA, Phenoxyethanol, Yellow 6, Yellow 5, Red 33.

  • Mineral Oil y Petrolatum: La nueva formulación mantiene todo el petróleo de la anterior, y le añade un poco más, ya que el Petrolatum escala posiciones en la lista de ingredientes.
  • Triethanolamine: es un compuesto que se obtiene a través de un proceso de etoxilación, lo que lo convierte en potencialmente tóxico, al poder contener trazas de óxido de etileno, derivadas de ese proceso. No aporta absolutamente nada positivo a la piel, su única función es ayudar a emulsionar la fórmula y equilibrar su pH.
  • Butylene Glycol: Un poquito más de petróleo, por si no había bastante. ¿Recordáis que el jabón líquido también lo llevaba?
  • Trisodium EDTA y Phenoxyethanol: De éstos dos ya os he hablado antes. El primero es un agente contaminante, ya que no se degrada en el ambiente. Elimina las impurezas del resto de los componentes, lo que ya es indicativo de lo cutres que son. El segundo directamente es tóxico, además de un disruptor endocrino que altera las hormonas y puede afectar a las funciones reproductivas. Una joyita. Es el conservante con el que muchos fabricantes de cosméticos están sustituyendo a los parabenos.

Como veréis, han aumentado la proporción de derivados del petróleo y le han añadido mogollón de porquerías que antes no llevaba, además de alguna que otra planta (como extracto de cebada y de pepino), para salvar el expediente y presumir de ingredientes naturales. También le han metido un poquito de ácido hialurónico, por aquello de que está de moda y se vende bien. Eso sí, fijaos en que han cambiado el Tea-Stearate por Stearic Acic, que es un ingrediente seguro, y han eliminado  los parabenos, así, como no quiere la cosa.

Si os fijáis en su web y en su campaña de marketing para anunciar la nueva crema, veréis que cantan a bombo y platillo las virtudes de la fórmula mejorada, ahora más hidratante, con muchos más ingredientes naturales, y ácido hialurónico, que es la repera. Se absorbe enseguida (esto debe ir por todas las que pasábamos las noches engrasando la almohada con nuestra cara bombilla). Adaptada a las necesidades de la mujer moderna, que está expuesta a más agresiones medioambientales y blablaba. Pero ni una sola palabra de los parabenos. Los han sacado por la puerta de atrás, disimuladamente y sin hacer ruido (sustituyéndolos por algo que es igual de malo o peor). ¿Veis la ironía? Afirman que han cambiado la fórmula para mejorarla y añadir más sustancias beneficiosas, pensando en las necesidades de la mujer moderna, pero en realidad, si la han cambiado es porque uno de sus componentes ha sido declarado peligroso por la Unión Europea. Estoy segura de que ésa es la verdadera razón, y de eso no dicen ni mú. Viva la transparencia.

Resumiendo, os doy mi opinión sincera, y es que estos tres productos no son más que pura química, un trío demasiado agresivo para la piel, que no sólo no respeta, sino que se lleva por delante todos sus procesos naturales de hidratación y regeneración, como el que sigue la piel durante la noche, mientras dormimos, si es que la dejamos tranquila. Y encima quieren convencernos de que es necesario que los usemos dos veces al día, como si con una agresión chunga no fuera ya suficiente. A la larga, su uso tiene que ser malo por fuerza. ¿De verdad pensáis que la piel necesita tanta exfoliación, tanta hidratación forzosa? Nuestra piel no es tonta, pero nosotras a veces lo parecemos.

No digo que Clinique no tenga otras cosas que quizá sean buenas, tampoco conozco la marca en profundidad y sé que muchísima mujeres están encantadas con ella, y que hay mucha fan incondicional que seguramente se me tirarían al cuello si leyera todo esto. Pero es que a mí este sistema en 3 pasos me parece una auténtica tomadura de pelo, un engañabobos con el que están amasando una fortuna a nuestra costa, y del que yo por lo menos ya quedé escarmentada para toda la vida. Y si no lo digo reviento.

Sinceramente, no creo que Clinique ofrezca un nivel de calidad acorde al precio de sus productos. Es que no lo valen. Para gastarme 90€ en un tratamiento facial completo, prefiero invertirlos en una marca que me ofrezca algo que realmente me merezca la pena (para empezar, transparencia y honestidad, además de calidad) y no un producto peor que mediocre, disfrazado, por obra y gracia del marketing, en cosmética de lujo.

Pero por si necesitáis algún un motivo más para rechazar de plano Clinique (en mi caso es un motivo definitivo), recordad que sus productos están testados en animales, por mucho que ellos lo adornen y lo pongan bonito diciendo que están "comprometidos con eliminar la experimentación con animales".

martes, 8 de julio de 2014

Miraur. Buena marca, mala comunicación

Compré esta crema hidratante buscando alternativas a otras marcas más conocidas. Miraur es una firma española bastante jovencita. Nació en 2012 y yo no me había ni fijado en ella hasta que la descubrí en la tienda online de BirchBox, donde tienen a la venta algunos productos de la marca. 



Van de misteriosos por la vida con el rollo de su fórmula secreta basada, según ellos, en una 'Mágica Combinación de los Minerales del Mar Muerto, Con los Lujosos Componentes de Origen Suizo', rimbombante frasecita con la que me he topado en un montón de sitios al tratar de investigar más sobre la marca, y de la que empiezo a estar un poco harta. No me molan un pelo los secretismos y este tipo de chorradas. Creo que cuanta más transparencia y cercanía muestre una marca, mejor que mejor. Donde esté una lista honesta de ingredientes, que se quite todo lo demás.