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jueves, 10 de abril de 2014

Armario de primavera

Hacía tiempo que tenía ganas de escribir este post; el invierno se me estaba haciendo ya pesado y no veía la hora de empezar por fin a guardar botas, bufandas y jerséis de lana, y sacar de las cajas de debajo de la cama los vestidos de flores y las sandalias (seguramente me acabaré arrepintiendo de haber guardado ya los abrigos, pero el buen tiempo dura demasiado poco como para esperar hasta el cuarenta de mayo... guiño, guiño).

martes, 11 de febrero de 2014

Cómo llevar medias en invierno y, aun así, ir calentita

No me gustan nada las botas tipo UGG o similares. Me parece que hacen pie de pato y que engordan el gemelo, dos cosas que no necesito para nada.
Además, está esto:


Sin embargo, sí que me gusta tener los pies calentitos en invierno (¡a quién no!) y ponerme faldas y vestidos durante todo el año, y no únicamente en verano.

Una de las muchas soluciones para poder llevar falda con medias en invierno, sin pasar frío en los pies, es ésta que os explico a continuación. Es muy sencilla y no tiene ningún misterio, pero el resultado es estupendo, y además sienta genial. Nada de pies de pato.


1- Empieza por ponerte unas medias tupidas.



2- A continuación, añade unos calcetines altos, hasta la rodilla por lo menos, o hasta la mitad del muslo incluso, si eres más atrevida. Yo tengo unos de ModCloth, y estoy encantada con ellos. Son súper abrigaditos.


3- A los calcetines altos, superpón otros más cortos, unos calcetines normales de los de toda la vida, para un extra de calorcito. Da igual de qué color sean, porque éstos quedarán ocultos por las botas.


4- ¡Ponte las botas! Unas botas clásicas, de caña media o alta, quedan perfectas con este tipo de calcetines altos asomando por encima.


Si sabéis alguna otra forma de llevar falda o vestido sin pasar frío en invierno, no dudéis en compartirla en los comentarios.

lunes, 20 de enero de 2014

Ten poca ropa

En lo que a ropa se refiere, siempre he sido de esas personas que piensan que está bien tener una o dos cosas buenas, de esas que pasan a una segunda, e incluso una tercera generación, y luego un montón de ropa de temporada. De esa que te sale tirada de precio en las rebajas, o que compras de nueva temporada en un impulso, que te pones durante toda la primavera, el verano y parte del otoño, guardas en una caja durante el invierno, y ahí se acabó. Cuando vuelves a sacarla después de unos meses resulta que ya no la ves con los mismos ojos. Ya no se lleva, o te has comprado otras cuatro prendas similares que te gustan mil veces más. Pasan los años y ya no te la vuelves a poner, por lo que más tarde o más temprano, a veces hasta con un poco de pena, acabas dándole puerta. Otras veces la rescatas y la sigues usando, después de algún tiempo, pero cada vez le salen más bolas, cada vez se estiran más las mangas, y el color ya no es lo que era. Es ropa de temporada, prendas que entran y salen de tu armario en un ciclo de pocos años, a veces incluso meses. Durante un tiempo las tienes en rotación, te las pones de vez en cuando, o les das muchísimo uso, pero sabes que no son la clase de prendas que algún día podría heredar tu hija.