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jueves, 3 de abril de 2014

'Weejuns'

Esta mañana, me he encontrado con estos preciosos zapatos tipo mocasín en ModCloth.


Me ha llamado la atención que fueran de piel, algo poco habitual entre los zapatos de ModCloth, así como su aspecto cuidado y tan bien terminado. Se nota a simple vista que son unos zapatos buenos, de calidad, de esos que valen lo que cuestan, porque son de los que entran al armario para quedarse. 

martes, 11 de febrero de 2014

Cómo llevar medias en invierno y, aun así, ir calentita

No me gustan nada las botas tipo UGG o similares. Me parece que hacen pie de pato y que engordan el gemelo, dos cosas que no necesito para nada.
Además, está esto:


Sin embargo, sí que me gusta tener los pies calentitos en invierno (¡a quién no!) y ponerme faldas y vestidos durante todo el año, y no únicamente en verano.

Una de las muchas soluciones para poder llevar falda con medias en invierno, sin pasar frío en los pies, es ésta que os explico a continuación. Es muy sencilla y no tiene ningún misterio, pero el resultado es estupendo, y además sienta genial. Nada de pies de pato.


1- Empieza por ponerte unas medias tupidas.



2- A continuación, añade unos calcetines altos, hasta la rodilla por lo menos, o hasta la mitad del muslo incluso, si eres más atrevida. Yo tengo unos de ModCloth, y estoy encantada con ellos. Son súper abrigaditos.


3- A los calcetines altos, superpón otros más cortos, unos calcetines normales de los de toda la vida, para un extra de calorcito. Da igual de qué color sean, porque éstos quedarán ocultos por las botas.


4- ¡Ponte las botas! Unas botas clásicas, de caña media o alta, quedan perfectas con este tipo de calcetines altos asomando por encima.


Si sabéis alguna otra forma de llevar falda o vestido sin pasar frío en invierno, no dudéis en compartirla en los comentarios.

lunes, 20 de enero de 2014

Ten poca ropa

En lo que a ropa se refiere, siempre he sido de esas personas que piensan que está bien tener una o dos cosas buenas, de esas que pasan a una segunda, e incluso una tercera generación, y luego un montón de ropa de temporada. De esa que te sale tirada de precio en las rebajas, o que compras de nueva temporada en un impulso, que te pones durante toda la primavera, el verano y parte del otoño, guardas en una caja durante el invierno, y ahí se acabó. Cuando vuelves a sacarla después de unos meses resulta que ya no la ves con los mismos ojos. Ya no se lleva, o te has comprado otras cuatro prendas similares que te gustan mil veces más. Pasan los años y ya no te la vuelves a poner, por lo que más tarde o más temprano, a veces hasta con un poco de pena, acabas dándole puerta. Otras veces la rescatas y la sigues usando, después de algún tiempo, pero cada vez le salen más bolas, cada vez se estiran más las mangas, y el color ya no es lo que era. Es ropa de temporada, prendas que entran y salen de tu armario en un ciclo de pocos años, a veces incluso meses. Durante un tiempo las tienes en rotación, te las pones de vez en cuando, o les das muchísimo uso, pero sabes que no son la clase de prendas que algún día podría heredar tu hija.


jueves, 22 de agosto de 2013

Armario de otoño

El otoño está a la vuelta de la esquina, y mientras las rebajas de verano dan ya sus últimos coletazos, los ojos se nos van a las estanterías de la nueva colección 


Todavía nos da pereza cuando vemos los abrigos y las botas hasta la rodilla en los escaparates, pero que levante la mano quien se tope un jersey de ochos suave y calentito y no le entren ganas de meterlo al armario, para sacarlo más adelante, cuando haga falta. A estas alturas ya no necesitas más ropa de verano; tienes cubierto el cupo. Suficientes bikinis, vestidos de playa y sandalias, y los que compres ahora, tendrás poco tiempo de ponértelos antes de tener que guardarlos hasta el año que viene.

Le pese a quien le pese, el otoño está ya en los escaparates. Yo, sin embargo, intento no mirar mucho. Este año me he prometido a mí misma no comprar nada que no necesite. Nada que no me vaya a poner, nada de lo que me vaya a cansar enseguida, nada repetido. He tomado la decisión de construir un armario inteligente, es decir, asumir que el espacio del que dispongo es limitado, y que la mitad de las cosas que me compro por impulso muchas veces me las pongo poco más de una o dos veces antes de cansarme, decidir que no me gustan, sentirme incómoda llevándolas o,  directamente, por motivos difíciles de explicar, cogerles manía, y no querer volver a saber nada de ellas (aunque tampoco me decida a sacarlas del armario, ya sea por cargo de conciencia, o porque tengo la esperanza de volver a usarlas algún día, cosa que nunca pasa).