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martes, 30 de septiembre de 2014

Pelo sin sulfatos, un año después

Hace cosa más o menos de un año, o año y pico, os conté los quebraderos de cabeza que, durante años, desde que puse el primer pie en la adolescencia, me había traído el dichoso pelo graso, y cómo, tras mucho tiempo resignándome a lo que parecía inevitable, había por fin decidido tomar cartas en el asunto, atacando el problema desde la raíz (literalmente). 


No os asustéis; éste era mi pelo "limpio" hace poco más de un año, recién levantada.

Si te encuentras en una situación similar, si estás en guerra permanente con tu pelo o tu cuero cabelludo, ya sea combatiendo grasa, caspa, encrespamiento, sequedad, puntas abiertas, picores o lo que sea, lo has probado todo y ya no sabes qué hacer, te recomiendo que sigas leyendo.

martes, 26 de noviembre de 2013

El drama del pelo graso

Os voy a confesar una cosa: tengo el pelo graso. Extremadamente fino, extremadamente liso, y muy, muy graso.

Es un problema con el que llevo batallando más o menos desde que tenía trece años, cuando los cambios hormonales hicieron su aparición y se cargaron el delicado equilibrio que regía en mi cuero cabelludo. Pasé de lavarme la cabeza una o dos veces por semana, a tener que lavarme el pelo día sí, día no, cuando no todos los días, para mantener la grasa a raya.

No exagero; el pelo no me dura limpio dos días seguidos. A veces, si hay suerte, llego a  las veinticuatro horas, pero el efecto de dormir suele ser fulminante. Me voy a la cama con el pelo  recién lavado, limpito y resplandeciente, y me levanto con él aplastado, mate y dividido en fascículos a la altura de la coronilla. Es lo que hay y lo tengo asumido: tras una noche entera en contacto con la almohada, mi pelo ya no vuelve a ser el mismo.